Diosa Mané

Diosa Mané
Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

sábado, 29 de octubre de 2011

El ego y nuestro Verdadero YO


El ego es nuestra autoimagen; es nuestra máscara social, es el papel que estamos representando. Nuestra máscara social se nutre de la aprobación de los demás. Quiere controlar, y el poder le sustenta, pues vive en el miedo.
Nuestro Yo verdadero, que es nuestro espíritu nuestra alma, está totalmente libre de todo lo expuesto. Es inmune a las críticas, no teme ningún desafío y no se siente inferior a nadie.
Pero al mismo tiempo es humilde y no se siente superior a nadie, pues reconoce que todos los demás son el mismo Yo, el mismo espíritu, bajo disfraces diferentes. Deepak Chopra
Al ego no se trata de eliminarlo, ni de despreciarlo, sino de ser conscientes de su existencia, él también somos nosotros, se trata de amarlo como es con todos sus aspectos y condicionamientos, eso sí, estar alertas, para que no gobierne nuestra vida. Lo que prima es guiar Nuestra Vida desde el auténtico Yo.
Hacer del ego como el caballo que ha sido domado, está vivo y a nuestro servicio.
El ego se empeña en hacerte creer que lo más que importa es el cuerpo y que la personalidad es lo más esencial.
El ego (o falso yo) entra en la competencia, quiere estar donde está el otro/a. A la vez nos muestra un mundo peligroso, donde has de desconfiar.
Nos quiere hacer creer que estamos separados de Dios que hemos de buscar fuera, que la felicidad no existe, que si posees a personas, propiedades, lograrás ser feliz. El nos mantiene en estado de tensión y ansiedad, nos hace mantener una actitud equivocada hacia la vida, hace que nos ocupemos de todo lo de afuera, con el engaño de obtener prestigio o reconocimiento.
El falso yo hace lo posible para que estemos intranquilos, que no actuemos con calma, tiene miedo que nos encontremos con nosotros mismos, sabe que llegado ese momento dejara de “existir” de llevar el mando de nuestra vida. A la vez hace que nos sintamos con temor ante nuestra propia divinidad, por ello ofrece gran resistencia.
Nos alienta por medio del miedo a acumular más, sea premios o prestigio o ascender un escalón más en la empresa, quiere llegar a ser el mejor. A la vez es exigente, encuentra poca o nada de satisfacción en lo que hace, le viene sentimientos de desesperación, busca hacer más, estar siempre ocupado, con proyectos incluso con visos altruistas, todo es válido, con tal de mantenernos separados de si mismo.
Al ego le aterroriza la posibilidad de que le puedan decir que es un fracasado, el vive una perenne angustia queriendo evitar, lo que puedan pensar de el, quiere destacar, cree que ahí está el poder, el logro, es todo un autoengaño. También nos envía mensajes falsos, como que es mejor estar aislado, el muestra su cobardía convenciéndote que eso de llegar a si mismo es una pamplina, nos induce a sentirnos indignos y no merecedores, nos abruma con sentimientos de culpabilidad.
Querrá convencernos que somos superiores o más espirituales que otros, en ocasiones se vuelve más sutil, incluso hará lo posible por parecerse al alma, que te confundas con la voz interior y que en la meditación no tomes contacto contigo, sino que te aísles en la contemplación de lo que sea con tal de tenerte despistado/a y colgado/a de cualquier ilusión o espejismo, induce a que nos aferremos a las creencias, así nos separa de nosotros. El silencio le da pavor, solo quiero ruido buscando fuera (exceso de T.V., radio, etc.).
El ego en su parte más oscura induce a consumir sustancias, sea alcohol o cualquier tipo de drogas, que incluso cobra vidas humanas, crea delincuencia, prostitución... en una falsa búsqueda de libertad, el ego atrapa, haciendo creer que serás libre cuando lo experimentes, es la peor de sus trampas. Cada vez son más los/as que se desenganchan de esa mentira y se “enganchan” a si mismos, encontrando la voluntad y fortaleza necesaria, para seguir un nuevo camino, en el autoconocimiento va encontrando las respuestas que buscaba fuera.
El ego está peleado con el Amor Verdadero, llama amor a muchas de sus apetencias y dependencias. Su poder está en el miedo, por medio de él domina.
La falsa libertad sexual obra del ego, hace sentir a la persona mal consigo misma, como algo que se usa y se deja, sintiéndose indignos y sucios. Haciéndonos creer que no somos dignos de ser amados.
Con sus argucias el falso yo hace que encontremos difícil el aceptarnos, amarnos y respetarnos a si mismos.
Recordemos que el ego nos gobierna también a través del consumo, nos engaña poniéndolo fácil a través de las tarjetas de crédito, haciendo que sintamos una libertad falsa, así nos hipotecamos constantemente, se pierde de esta forma la libertad y la felicidad.
El ego lo hemos creado nosotros, así que en realidad, es una ilusión. Si nos hubieran permitido (al igual a nuestros padres, abuelos...) ser auténticos, haber recibido el amor, ternura y la estima necesaria y ser uno mismo, el ego sería solo un acompañante de la personalidad.
AdA ONG Asociación de Autoayuda
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Las Palmas de Gran Canaria