Diosa Mané

Diosa Mané
Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sri Aurobindo

Sri Aurobindo [1872 - 1950]
El Ideal de la Unidad Humana

Aurobindo
La "Madre"
Sri Aurobindo fue un alma múltiple: Filósofo y poeta, revolucionario nacionalista, yogui y arquitecto de un mundo nuevo. Encarnó en su vida a un nuevo tipo de pensador; afín a otros grandes mensajeros de nuestros tiempos, y que dialogó con cultura de Occidente y el misticismo de Oriente.
Las Naciones Unidas reconocieron su aporte a la paz mundial, y apoyaron la creación de la ciudad de Auroville, un verdadero "Laboratorio espiritual internacional" para el desarrollo humano.
En su enseñanza definió un mundo que no figuraba en ningún mapa psíquico, al que dió el nombre de "supramental". Con ello convirtió el yoga integral en un yoga supramental o de la transformación humana. Él mismo se dedicó, en su reclusión voluntaria durante sus últimos 24 años de vida, a favorecer el avance del desarrollo de la conciencia en el mundo, por medio del yoga supramental. Cuando Sri Aurobindo nació, en Calcuta, India, el 15 de agosto de 1872, la reina Victoria se preparaba para coronarse emperatriz de la India. El doctor Krishnadhan Ghose, padre de Aurobindo, había estudiado medicina en Inglaterra, convirtiéndose a tal punto a la cultura inglesa, que rechazó la sola idea de que sus tres hijos se contaminasen del misticismo "retrógrado y embriagador" en que su país parecía hundirse. Era tan extrema su oposición, que quiso evitar que su familia siquiera conociese las tradiciones de la India. Así las cosas, al pequeño le fue dado un nombre ingles –Akroyd –, una institutriz inglesa – Miss Pagget – y, a la edad de cinco años, fue enviado a una escuela de monjas irlandesas en Darjeling, donde inició sus estudios con los hijos de los administradores británicos.
Dos años más tarde, los tres hijos del doctor Ghose fueron enviados a Inglaterra, y confiados a un pastor anglicano en Manchester "con instrucciones estrictas de que no conociesen a ningún hindú ni se expusiesen a ninguna influencia india". Durante trece años Aurobindo no volverá a pisar patria, ni verá a sus padres. Y este desgarro es tan drástico que, cuando por fin regresa, completados sus estudios superiores, ya no verá vivo a su padre, y hallará a su madre enferma a tal punto que apenas lo reconoce al verlo. Así debió vivir, desarraigado de su cultura, su medio ambiente y su familia.
Entre otras instrucciones, el doctor Ghose había ordenado al pastor Drewett que no diese ninguna educación religiosa a sus hijos, a fin que ellos mismos pudiesen escoger, si querían y cuando tuviesen edad de decidir, su propia religión.  Pero la madre del pastor, quien se propuso salvar el alma a los tres pequeños, no estuvo dispuesta a seguir esta indicación. Un día llevó a Aurobindo, de diez años, a una reunión de pastores no conformistas. "Una vez hecha las plegarias – relata después Aurobindo– vino la hora de las "convenciones". Yo me aburría en extremo. Después, un pastor se aproximó a mí y me hizo algunas preguntas. No respondí nada. Entonces todos exclamaron: "¡Está salvado! ¡Está salvado!" y se pusieron a orar por mí y a dar gracias a Dios". Este tipo de experiencias lo llevarían a sostener que la religión y la espiritualidad no son sinónimos. "La verdadera teocracia –escribirá mas tarde– es el reino de Dios en el hombre, no el reino de un Papa, de una iglesia o de una casta sacerdotal."

El indio erudito A los doce años debió trasladarse a Londres para ingresar al St. Paul´s School. A esa edad ya había aprendido a fondo el latín y la lengua francesa. El director del St. Paul se mostró tan sorprendido por el talento de su alumno, que decidió darle él mismo las lecciones de griego.

Su capacidad de aprendizaje era tan alta que al cabo de tres años podía tomarse la libertad de no asistir a la mitad de los cursos, y dedicarse por completo a la lectura, su ocupación favorita. Lee a Shelley, a los poetas franceses, a Homero y Aristófanes; y muy pronto todo el pensamiento europeo –porque tempranamente supo lo suficiente de alemán y de italiano para leer a Dante y a Goethe en su lengua original– pueblan su soledad. Durante ese período no cultiva una vida social, ni trata de establecer relaciones de amistad, lo que contrasta con Mono Mohan, el segundo de sus hermanos, quien llegaría a distinguirse en la poesía inglesa, y que deambulaba en esa época por Londres con su amigo Oscar Wilde. Al regresar del colegio, en 1890, una beca le permitió ingresar al Cambridge King´s College. Su familia había dejado de enviarle dinero casi por completo, y la beca era muy baja para poner remedio al frío y al hambre, más aún porque los hermanos mayores participaban también, de aquella ayuda. Tenia entonces dieciocho años y permanecía obediente a los designios de su padre. Pero eso no se prolongaría por mucho tiempo. En Cambridge, continuó demostrando su capacidad académica, y desde el primer año acumuló todos los premios de poesía griega y latina. Pero su corazón no vibraba por ello; en medio de ese ambiente brillante de la universidad comenzó a inclinarse por lecturas que le mostraban la otra cara de Europa. Juana de Arco, Mazzini, la revolución americana, la historia de los marginados, de los rebeldes, desfilan ante sus ojos ávidos. Comienza a configurarse en él un espíritu libertario, que lo lleva a soñar –a él, que no recordaba muy bien lo que era un indio, y menos aún un hindú, y que casi no había vivido en su propia tierra– en la liberación de su país, en la independencia de la India. Esta intempestiva vocación política no lo abandonaría durante los siguientes veinte años. Invadido por este nuevo espíritu, se hizo secretario de la Indian Majlis, asociación de estudiantes indios de Cambridge. El niño solitario se convirtió en un joven lleno de entusiasmo; el erudito vio inflamada de pasión su sabiduría, y comenzó a realizar un fuerte activismo estudiantil. Pronunciaba discursos revolucionarios, repudió su nombre británico, y en un paso audaz se afilió a la sociedad secreta Loto y Puñal. Todo ello lo llevó a convertirse en un sospechoso para la institucionalidad británica, y pronto figuró en las listas negras, lo que no le impidió obtener finalmente su licenciatura en las Letras Clásicas.

Asham in Pondichery
Regreso a la India Tiene veinte años cuando, en 1892, se embarca con rumbo a su tierra natal. Sus títulos y su calidad académica permitieron que a su llegada a Bombay el Maharajá de Baroda le confiriera el puesto de profesor de francés. Con ello resolvía la primera urgencia de contar con ingresos suficientes para subsistir. Más tarde obtuvo el puesto de profesor de lengua inglesa en el College del Estado, del que muy pronto llego a ser director adjunto. Al mismo tiempo desempeñó las funciones de secretario particular del príncipe. La corte y la enseñanza absorben su tiempo, pero Aurobindo traía en sus maletas la preocupación por la suerte de la India. Ello lo impulsó a realizar numerosos viajes a Calcuta, donde se interiorizó de la situación política y comenzó a escribir artículos sobre el yugo británico, y criticaba vivamente la "política pordiosera" del Congreso indio: "Nada de reformas, nada de colaboración", argumenta. Se formuló entonces el propósito de estimular las energías de la nación con miras a una acción revolucionaria. Entonces se entregó a actividades políticas secretas que le llevarían hasta los umbrales de la horca. Durante trece años Sri Aurobindo jugó con fuego, la misma cantidad de años que duró su formación en Inglaterra. Lo paradójico, sin embargo, es que su misma vocación revolucionaria se convertirá en el detonante de su acercamiento al mundo espiritual. No buscó la soledad, ni se sentó con las piernas cruzadas, ni se hizo discípulo de ningún maestro. Los templos no le interesaban. Cuando un amigo le aconsejó el yoga, él se opuso: "el yoga que exige que yo abandone el mundo, no esta hecho para mí; el solitario que deja al mundo entregado a su suerte es una cosa casi repugnante".   Pero la fuerza del espíritu y el camino del yoga llegaría hacia él, porque son misteriosas las maneras en que se realiza un destino.

La acción revolucionaria
En 1906, Aurobindo ejerce como director del diario de Calcuta Bande Matarm ("Salud a la Madre india"), desde allí predica la causa del nacionalismo con fervor de auténtico misionero. El diario es el primero en declarar en forma pública el propósito de la independencia total, contribuyendo de manera poderosa al despertar de la India. Paralelamente se convertía en director del primer National College de Calcuta. Dirige tras bambalinas una organización secreta de alcance nacional, que se preparaba para cuando llegaría el día del levantamiento armado, al tiempo que se dedica a redactar un programa estratégico que completa cuatro puntos centrales: despertar en la India la noción de independencia; Mantener a la gente en estado de rebelión permanente; Transformar el Congreso indio y sus tímidas reivindicaciones en un "movimiento extremista", declarando sin ambages el ideal de independencia completa. Y por último, organizar en forma secreta una insurrección armada.
Con su joven hermano Barin, comenzó a preparar grupos de guerrilla en Bengala, bajo la fachada de asociaciones deportivas o culturales, e incluso envió a Europa un emisario para que aprendiera a fabricar bombas.
Su promoción pública del nacimiento extremista convirtió al joven poeta en el hombre más peligroso de la India. Ello hizo que tras el asesinato de las señoras Pringle Kennedy en Muzzaferpore a manos de los revolucionarios exaltados, Sri Aurobindo fuera detenido, acusado de conspiración, y encarcelado en régimen de incomunicación en la prisión de Alipur.

El "milagro" espiritual
En una ocasión, en medio de su dedicación a la actividad revolucionaria previa a la prisión, el hermano mayor y colaborador de Aurobindo, Barin, enfermó de gravedad. Casualmente, pasó mendigando frente a su casa un monje errante, pidiendo de comer según era costumbre, cuando vio a Barin temblando de fiebre. Sin decir palabra, pidió un vaso de agua, trazó sobre el joven enfermo un signo y, pronunciando unas palabras desconocidas, le dio de beber. Luego desapareció tal como había llegado. No alcanzaron a pasar más de cinco minutos, cuando la fiebre de Barin se había normalizado por completo. Aurobindo ya había oído hablar de los extraños poderes de tales ascetas, pero era la primera vez que tenia una experiencia directa. Reflexionó entonces que el yoga podía servir para algo más que evadirse del mundo. "Había en mí un agnóstico, había un ateo, un escéptico; Yo no estaba siquiera seguro de que dios existiese... Sólo sentía que alguna poderosa verdad debía existir en alguna parte de ese yoga. Decidí pues practicarlo, a fin de comprobar si mi idea podía justificarse, dirigiendo esta plegaria: "Si tú existes, tu conoces mi corazón... Bien sabes que no pido la liberación –mukti–; Nada pido de lo que reclaman los demás. Solo quiero la fuerza necesaria para sublevar a esta nación, no pido sino poder vivir y trabajar por este pueblo que amo".
Abierto a explorar ese camino, en medio de reuniones políticas y de su trabajo en el periódico, y bajo la amenaza constante de la policía secreta, le sobrevino un encuentro fundamental. El 30 de diciembre de 1907 conoció al yogui Vishnú Bhaskar Lelé. Tras saludarlo, le planteó directamente: "Yo quiero practicar el yoga para actuar, no para renunciar, ni siquiera por el Nirvana, al mundo". Lelé respondió: "Para usted no debería ser difícil, porque es un poeta". Tras esta inesperada respuesta, se retiraron ambos a un aposento aislado y permanecieron allí durante tres días.
"El primer resultado –escribió Aurobindo– fue una serie de experiencias muy poderosas y radicales cambios de conciencia que eran completamente contrarios a mis propias ideas, y me hicieron ver el mundo con prodigiosa intensidad."
En tres días quedé libre. A partir de ese momento, el ser mental en mí se convirtió en una inteligencia libre, una mente universal. Ya no era un ser limitado al círculo estrecho de los pensamientos personales, como un obrero en una fabrica de pensamientos, sino un receptor de conocimiento que recibía centenares de reinos del ser, libre de elegir lo que quisiere en ese vasto imperio de visión, en ese vasto imperio de pensamiento."

En prisión
En el amanecer del 4 de mayo de 1908, la policía británica llego para despertarlo, pistola en mano. Acababa de fallar un atentado; la bomba había sido fabricada en el jardín donde Barin, su hermano, entrenaba a algunos "discípulos". Ninguna responsabilidad le cabía en el fallido intento pues en sus principios, la organización de la lucha rebelde nada tenia que ver con los actos individuales de terrorismo, lo que quedó demostrado por su posterior absolución; pero se le retuvo un año en prisión en espera del veredicto.
"Cuando fui detenido... mi fe se sintió vacilante, no conseguía penetrar Sus designios... Pasó primero un día, luego otro. Al tercer día una voz se hizo oír dentro de mí: 'Espera y mira', dijo. Entonces recobre la calma y esperé... Y recordé que un mes antes de mi arresto, una llamada interior me había ordenado abandonar la actividad y dirigir mi atención al interior de mí mismo a fin de entrar en comunicación más estrecha con Él. ‘Ve adonde nadie ha ido –exclamó la voz. Cava más hondamente, más aún, hasta la piedra inexorable del fondo y llama a la puerta sin llave’."

La nueva vida en Pondichery
En mayo de 1909, tras un largo proceso, fue absuelto y puesto en libertad. Se instaló por unos meses en Chandernagore, y en 1910 arribó a Pondichery, su lugar de destino, del que no ya se movería.
Sus primeros meses en esa localidad, 170 Km al sur de Madrás, los vivió en medio de una gran miseria. Estaba aún bajo sospecha, su correspondencia era intervenida, y sus movimientos vigilados por los agentes británicos. Se intentó obtener su extradición con todo género de maniobras, las que incluyeron desde ocultar documentos comprometedores en la casa donde vivía hasta intento de rapto.
Pero toda esta acción era vana, ya que él había dado giro a su misión en la vida. Algunos de sus compañeros de armas esperaban que su "jefe" reanudase la lucha política, pero él sabia que ese ya no era su lugar. Además, había podido comprobar que "la maquinaria" funcionaba sola; el espíritu de independencia se había despertado en sus compatriotas y los acontecimientos seguirían su curso inevitable.
En 1914, tras cuatro años de contemplación espiritual, retomó su actividad literaria e inició la publicación mensual de una revista de filosofía, Arya, en la que expuso su visión del hombre y de la historia, de su destino y del avance de la humanidad hacia la unidad y la armonía.
Durante seis años ininterrumpidos, hasta 1920, publicó de modo continuo casi toda su obra escrita, más de cinco mil paginas. Escribía de manera singular; no un libro tras otro, sino cuatro y aun seis al mismo tiempo, sobre los temas más diversos, los que eran entregados como capítulos en la revista: La vida divina, donde está su visión espiritual de la evolución; Síntesis del yoga, en el que describe las etapas y las experiencias del yoga integral; los Ensayos sobre el Gita y su filosofía de la acción; El secreto del Veda, con un estudio sobre los orígenes del lenguaje; El ideal de la unidad humana y el ciclo humano, que consideran el aspecto sociológico y psicológico de la evolución, y las posibilidades futuras de las sociedades humanas.
En 1920, al cabo de seis años, estimó completa su labor, y cerró la revista. Después, sólo escribirá para atender su enorme correspondencia –miles de millares de cartas con todo género de explicaciones prácticas acerca de las experiencias yóguicas, las dificultades, los progresos–, y, sobre todo, se dedicará durante treinta años a redactar esa prodigiosa epopeya de 23.813 versos, el Savitri, concebido como un quinto Veda, donde expone las experiencias de los mundos de lo alto y lo bajo, sus batallas en el subconsciente y en el inconsciente, y toda la historia oculta de la evolución terrestre y universal, incluyendo su visión de los tiempos futuros.

La consolidación de la enseñanza
Con una admirable sincronicidad, como ya otras veces había ocurrido en su vida, una persona que sería fundamental para completar el proceso y consolidar su obra aparece en Pondichery en 1920. Se trata de Madame Mirra Richard, "La Madre", nacida en París el 21 de febrero de 1878, quien había alcanzado también, por su propio camino, la visión supramental. "Desde que vi a Sri Aurobindo –antes de verlo físicamente– comprendí que era él quien estaba llamado a realizar la obra sobre la tierra y que era con él con quien yo debía trabajar", escribirá la Madre.
Por su parte, Aurobindo afirma: "Cuando vine a Pondichery, me fue dictado desde dentro un programa para mi disciplina. Lo seguí y progresé por mi parte, pero no conseguía gran cosa en cuanto a la ayuda que debía deparar a los demás. Después vino la Madre; con su cooperación encontré el método necesario".
Y es ella quien toma la dirección del ashram cuando Aurobindo se retira, en 1926, a la soledad completa; también es ella quien continua su obra después de la muerte de él, en 1950. "La conciencia de la Madre y la mía son una misma y sola conciencia", escribió.
Sri Aurobindo y la Madre se entregaron en Pondichery a una serie de experiencias para "verificar" y "experimentar" lo que ambos habían descubierto sobre el cuerpo supramental "... noche y día, por muchos años, más escrupulosamente de lo que el sabio, verifica su teoría o método en el plano físico."
Ya habían comprobado el poder de la conciencia, que los "milagros" o intervención de los poderes superiores de la conciencia no llegaban a la esencia del ser y que eran del todo vanos considerados desde el punto de vista de la transformación del mundo "El verdadero tema no es la modificación exterior de la materia mediante intervenciones fugaces, llamadas sobrenaturales –aclaró Aurobindo–, sino su modificación por dentro de manera perdurable. Se trata de establecer las bases de una física nueva. La levitación, la conquista del sueño, del hambre, y aún de las enfermedades, no hacen sino tocar la superficie del problema, y constituyen una acción contra el orden de las cosas."
En este periodo, junto con consagrarse al trabajo espiritual, recibe también a un primer grupo de discípulos.

La soledad activa
El 24 de noviembre de 1926, inició un nuevo ciclo de su proceso, difícilmente comprensible para nuestras mentes, pero sí bajo la aceptación de la premisa aurobindiana de la supramente.
En ese momento, evalúa como cumplida una cuarta etapa de realización de su desarrollo espiritual, lo que determina para él una nueva misión: la de enfrentar a las fuerzas de la inconciencia en el mundo realizando una acción desde el plano supramental, ejecutando un yoga para la conciencia terrestre.
Para ejercerlo, determina que debe reclutarse en una habitación de su ashram, a fin de poder realizar su actividad con plena entrega. A ello dedicará los veinticuatro años siguientes, hasta el fin de su vida terrena. A pesar de estar recluido, no está aislado del mundo sino en pleno contacto con él.
Sigue cotidianamente el acontecer del mundo, y pone su fuerza espiritual a favor del avance de la conciencia y del descenso de lo supramental. Esto se expresa, por ejemplo, en su declaración explícita a favor de los aliados de la segunda guerra mundial, afirmando que ello se ponía en juego, con un vastísimo alcance, el avance o retroceso del desarrollo espiritual de la humanidad.
Desde ese momento, y hasta su muerte, Aurobindo sólo se contactó físicamente con sus discípulos tres veces cada año, para entregar sus mensajes. Fue, por lo tanto, la Madre quien se hizo cargo, desde 1926, de la organización de las actividades y de la dirección del grupo de discípulos, comenzando una gigantesca tarea para la continuación de la obra.
Sri Aurobindo deja su cuerpo físico el 5 de diciembre de 1950.

La obra en el mundo
La Madre continuó el trabajo con los discípulos, el que se abrió cada vez a un mayor numero de personas, constituyendo un nuevo tipo de ashram. Tradicionalmente, este consiste en una comunidad espiritual o religiosa cuyos miembros han renunciado al mundo a fin de consagrarse a los ejercicios yóguicos para alcanzar la liberación. En este caso, no se planteaba como un espacio de renunciamiento al mundo, sino como un lugar de experimentación para la evolución de una nueva forma de vida, que lleva aparejada la posibilidad de alcanzar altos niveles de conciencia.
A partir de un puñado de discípulos que vivían como miembros de la casa de Sri Aurobindo, con el tiempo el ashram llegó a constituir una comunidad que alcanzó a las 1800 personas.
El dinamismo de su obra hizo surgir un nuevo proyecto que concretó, finalmente, en febrero de 1968: "Auroville, la ciudad de la Aurora", pensada como la ciudad de la unión humana. Construida a pocos kilómetros al norte de Pondichery, reviste la forma de una gigantesca espinal. La UNESCO ha invitado a sus estados miembros y a las organizaciones no gubernamentales a participar en el desarrollo de Auroville como ciudad cultural internacional, destinada a reunir los valores de diferentes culturas y civilizaciones en un medio armónico.
En la actualidad, unas cinco mil personas habitan en forma permanente en la ciudad, y otras dos mil en el ashram, el que exige requisitos mayores para ingresar. A ello se agrega un flujo constante de millares de personas que asisten a las múltiples actividades de desarrollo espiritual que allí se ofrecen.
El ashram de Pondichery y la ciudad de Auroville constituyen hasta hoy los cimientos del "Deva Sangha", la Comunidad de Dioses, el principio del advenimiento de la supramente, que Sri Aurobindo concibió.
Fragmentos de Sri Aurobindo :
El espíritu, fin último
"La esperanza de futuro reside en una religión espiritual de la humanidad. Por ella entenderemos no lo que suele llamarse religión universal, sistema, credo, creencia intelectual, dogma o rito exterior. La humanidad ha tratado de alcanzar la unidad por ese medio. Pero en ello ha fracasado y merecía fracasar, porque no puede haber sistema religioso universal provisto de un único credo mental y de una forma vital única. No cabe duda de que el espíritu interior es único, pero la vida espiritual es la que más necesidad tiene de libertad, de variedad en cuanto a la expresión y a los medios de desarrollo. Una religión de la humanidad supone la percepción creciente de que existe un espíritu secreto, una realidad divina en cuyo seno todos somos uno, de que nuestro mundo es la humanidad el más preciado vehículo de ese espíritu y de que el género y el individuo humano son los medios gracias a los cuales esa realidad va a revelarse progresivamente aquí abajo. Una religión de la humanidad supone un esfuerzo creciente para vivir a fondo tal conocimiento y para instaurar en la tierra el reino de ese divino espíritu. A medida que ese reino crezca en nosotros, la unidad con nuestros semejantes se convertiría en el principio que gobierne toda nuestra vida y no se tratará simplemente de un principio de cooperación sino de una fraternidad más profunda, de un sentido real e interior de la unidad y de la igualdad, de una vida común a todos."

La democracia
"La democracia no constituye en modo alguno una garantía segura de la libertad. Por el contrario, hoy vemos como el sistema democrático de gobierno se encamina inexorablemente hacia la liquidación organizada de la libertad individual, hasta un punto que hubiera sido difícil imaginar en los antiguos sistemas democráticos y monárquicos. Es ciertamente posible que la democracia acabara con las formas más violentas y brutales de opresión despótica que esos sistemas llevaban emparejadas y permitiera a las naciones ricas implantar formas liberales de gobierno, lo que constituye sin duda alguna un progreso considerable. Hoy sólo resurge la opresión en épocas de revolución y de excitación. Pero en nuestros días se esta produciendo un despojo de la libertad, aparentemente más respetable, más sutil y más sistemático, también más moderado en sus métodos porque se apoya en una fuerza mayor y, por ello mismo, es más efectivo y brutal."

Acerca del camino
"Nosotros ignoramos si esta o aquella experiencia forma parte o no del camino, porque si supiésemos que progresamos, conoceríamos el camino, ¡Y no hay tal camino! ¡Nadie lo ha recorrido nunca! No se podrá decir lo que eso es sino hasta que este hecho." Es "una aventura en lo desconocido".

Los grados de conciencia
"La conciencia mental no es sino una gama humana, y no agota todas las gamas de posibles conciencias, así como la vista humana no agota todas las gradaciones del color ni el oído todas las gradaciones del sonido, porque existe, arriba tanto como abajo, un gran numero de cosas que el hombre no puede ver ni oír. De igual manera, existen ganas de conciencia que se hallan por encima y por debajo de la gama humana, con las que el ser humano normal no esta en contacto y que, por eso mismo, le parecen inconscientes gamas supramentales y gamas submentales...
En realidad, eso que llamamos inconciencia es, simplemente, otra conciencia."