Diosa Mané

Diosa Mané
Mané Castro Videla - Mujer Poeta y Artista Plástica Argentina - Española

martes, 6 de septiembre de 2011

Ese nudo que nos exige des-nudarnos



Ese nudo que, por más que le damos vueltas, parece no poder desatarse jamás.
Ese error que repetidamente cometemos, por más que tomemos todas las precauciones de intentar controlarnos.
Ese rasgo que reaparece como el fuego de un bosque que creímos apagar, y se re-incendia periódicamente…
Esa dificultad interna, si nos ubicamos de un modo inteligente ante ella, podría ser que terminemos bendiciéndola.
Pues es gracias a ella que, quien se atreve a no buscar la causa afuera (los demás, el “destino” mal entendido, la suerte adversa…), comienza a hurgar dentro de sí, ya no por devaneos intelectuales, sino porque le urge.
Y, urgiéndole, no se adormece: busca. Y, buscando, yerra.
Yerra y acierta, para ir encontrando.
¿Encontrando qué?

Su verdadera identidad.

La Psicología Transpersonal toma de antiguas Tradiciones de conocimiento lo que algunos académicos se atrevieron a abordar hacia fines del 1800 y principios del 1900.
Uno de los principales,es el psiquiatra Carl G. Jung.
El definió la neurosis (ese nudo que nos exige des-nudarnos) como un desacuerdo esencial consigo mismo: nuestra real naturaleza, nuestro Sí Mismo, necesita ser escuchado, y, como lo desoímos, el Inconsciente, en procura de que establezcamos un diálogo con él, genera distintos mensajes: sueños, problemas orgánicos, extrañas sincronicidades y… síntomas anímicos.
El síntoma es un pedido de auxilio de lo más sano de sí, que necesita de nuestra atención, porque se está asfixiando.
Así, una parte viva, nuestra, clama por ser desenterrada de entre los escombros.
Jung decía que necesitamos establecer contacto con esa parte de sí, porque sólo recuperándola encontraremos el Sentido.
La neurosis más profunda es ésa: la neurosis de Sentido.
Y no desistamos nosotros, que no renuncien esas partes nuestras a hacerse oír hasta estar seguras de algo: que estamos haciendo lo posible para sacarlas de lo hondo, sanas y salvas.

Sólo así dejamos de repetir, de estar anudados, de generarnos infelicidad.
Cómo dijo el mismo Jung:

“Yo no busco la causa de una neurosis en el pasado,
sino en el presente.
Pregunto: ¿Cuá es la tarea esencial que el paciente no realiza?
No basta con saber la causa del pasado:
la neurosis es un acto fallido de adaptación a nuestra real vida.”
“Yo mismo he conocido a más de una persona que debía
todo su provecho y razón de vivir a una neurosis,
que le evitó locuras mucho peores
y le forzó a un nuevo modo de vida
que desarrolló sus valiosas potencialidades.
Éstas podrían haber sido ahogados si la neurosis,
con mano de hierro, no las hubiera conducido
al lugar a donde realmente pertenecían para desplegar su destino.”

lunes, 5 de septiembre de 2011

La violencia contra la mujer es delito

El maltrato que se ejerce sobre las mujeres por el solo hecho de serlo no es "cultural" sino que implica acciones que deben ser prevenidas y castigadas. Se trata de una pandemia para la que los gobiernos deben tener respuestas contundentes.
Vilma S. Martínez. Embajadora de Estados Unidos en Argentina
 Horacio Cardo
Desde 1991, el mundo destina los 16 días que van del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, al 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, para resaltar la idea de que la violencia contra la mujer en razón de su género constituye una violación tajante de los derechos humanos.

La violencia contra la mujer no es una cuestión "cultural" sino de orden delictivo. Es un problema que atañe a todas las naciones y requiere una respuesta proporcional a este tipo de delitos.

La violencia contra la mujer destruye la vida de niñas, mujeres jóvenes y adultas. La violencia de género desgarra familias y comunidades y priva al mundo del talento que necesita con tanta urgencia.

Lamentablemente, demasiadas mujeres de todas las edades son víctimas de esta clase de violencia en diversas etapas de su vida por su condición de mujer; son víctimas de situaciones de violencia que van del feticidio femenino al cuidado deficiente de la salud y la nutrición desde niñas, del casamiento infantil a la trata y de los denominados asesinatos "por honor" y asesinatos por motivos de dote al abandono y ostracismo al que a veces son sometidas las viudas. La lista no se agota aquí.

Esta clase de violencia constituye una pandemia mundial que atraviesa etnias, razas, clases sociales, religiones, niveles educativos y fronteras internacionales. El único elemento común radica en la elección de las víctimas por su condición de mujer. Estas diversas formas de violencia de género tienen su raíz en la baja valoración que ha recibido y sigue recibiendo la mujer en todo el mundo.

Para poner fin a la violencia de género se necesita procesar a más responsables de este delito y, al mismo tiempo, trabajar para lograr la igualdad completa de la mujer en todos los ámbitos de la vida.

La violencia de género no es sólo privativa de la mujer; atenta contra los derechos humanos y la seguridad en todo el mundo. Dada la condición de problema internacional, este tipo de violencia requiere también soluciones a nivel internacional. Estados Unidos posee el compromiso de trabajar con gobiernos, instituciones multilaterales y una gran diversidad de socios del ámbito privado -desde activistas y defensores, a sobrevivientes y líderes de la sociedad civil - para poner fin a la impunidad de los que cometen estos delitos y garantizar la implementación plena de las leyes que reconocen la igualdad de la mujer y el derecho a vivir sin violencia.

Estamos trabajando a fin de promover el compromiso de los hombres en la eliminación de la violencia. Instamos a los líderes religiosos a que incorporen estos mensajes, acordes con todos los credos, a sus actividades y acciones de alcance comunitario. Asimismo, estamos colaborando para que los niños y niñas de todas las naciones tengan acceso seguro e igualitario a una educación de calidad que enseñe el valor intrínseco de cada persona.

La administración del Presidente Obama se ha comprometido a poner fin a la violencia contra la mujer en los Estados Unidos, donde demasiadas mujeres todavía sufren maltrato y abuso. Asimismo, la secretaria de Estado Hillary Clinton ha establecido la violencia de género como prioridad máxima de la política exterior estadounidense.

Las mujeres son la clave del progreso y la prosperidad para el siglo XXI. Cuando las mujeres son marginadas y maltratadas, la humanidad no puede progresar. Cuando se les conceden sus derechos y se les brinda igualdad de oportunidades en materia de educación, salud, empleo y participación política, las mujeres mejoran a sus familias, sus comunidades y sus naciones.

Es hora de que la violencia doméstica contra la mujer sea una prioridad para todos nosotros !!!

 

Dr. Arieh Eldad - Julio 2011

CIDIPAL


Probablemente lo que lean a continuación les resulte increíble, pero esto ocurre en Medio Oriente.
Consideré que era importante reenviar esto para llegar a una mejor comprensión de lo que Israel debe soportar día tras día.
Jugué un papel decisivo en el establecimiento del Banco Nacional Israelí de Piel, que es el más grande en el mundo.
El Banco Nacional de Piel almacena piel para necesidades diarias, así como también para tiempos de guerra o situaciones de víctimas masivas.
Ese banco de piel tiene su sede en el Hospital Universitario Hadassah de En Kerem, en Jerusalén, donde me desempeñé como Director de Cirugía Plástica.
Así fue como me solicitaron proporcionar piel para una mujer árabe de Gaza, hospitalizada en el Hospital Soroka de Beer Sheba, luego de que su familia la quemara.
Es común que esas atrocidades ocurran entre familias árabes cuando las mujeres son sospechadas de mantener alguna aventura amorosa.
Proporcionamos todos los homos injertos necesarios para su tratamiento.
Fue tratada con éxito por parte de mi amigo y colega, el Prof. Lior Rosenberg, y luego fue dada de alta para regresar a Gaza.
Fue invitada, incluso, a realizarse seguimientos regulares en la clínica ambulatoria de Beer Sheba.
Un día, esa mujer fue atrapada en el cruce fronterizo vistiendo un cinturón suicida.
Tenía la intención de hacerse explotar en la clínica ambulatoria del hospital donde le habían salvado la vida.
Aparentemente, su familia le había prometido que, si hacía lo que le pedían, la perdonarían.
Este es sólo un ejemplo de la guerra entre judíos y musulmanes en la Tierra de Israel.
No es un conflicto territorial.

Es un conflicto de civilización, o mejor dicho, una guerra entre la civilización y la barbarie.
Bibi (Netanyahu) lo entiende, Obama no.

Nunca escribí antes pidiendo que por favor reenvíen esto, de modo que la mayor cantidad de gente posible que pueda entender el Islam radical y lo que le espera al mundo si esto no se detiene.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Erich Fromm

Este un exquisito fragmento de su libro: El humanismo como utopía real, que se constituye en un verdadero manifiesto humanista para los días de hoy.

Creo que la unidad del hombre, a diferencia de otros seres vivientes, se debe a que el hombre es la vida consciente de sí misma. El hombre es consciente de sí mismo, de su futuro, que es la muerte ; de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente del otro en cuanto otro. El hombre está en la naturaleza, y sometido a sus leyes, aunque la trascienda con el pensamiento.
  • Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural : que ha nacido del conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad y armonía con ella.
  • Creo que la naturaleza del hombre es una incoherencia, debida a las condiciones de la existencia humana, que exige buscarle soluciones, las cuales a su vez crean nuevas incoherencias y la necesidad de nuevas soluciones.
  • Creo que toda solución a estas incoherencias puede cumplir realmente la condición de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento de concordancia, comunidad y participación.
  • Creo que, en toda solución a estas incoherencias, el hombre sólo tiene la posibilidad de escoger entre avanzar o retroceder. Estas opciones, que se manifiestan en actos precisos, son medios para rebajar o para desarrollar la humanidad que tenemos dentro.
  • Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre “vida” y “muerte”, entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con sometimiento.
  • Creo que podemos atribuir a la “vida” el significado de continuo nacimiento y constante desarrollo.
  • Creo que podemos atribuir a la “muerte” el significado de suspensión del desarrollo y continua repetición.
  • Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de encontrar la unidad librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres manifestaciones, juntas o separadas : La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis incestuosa. Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción : el deseo de matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al “orden”. El necrófilo, por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tienen valor : la fuerza. Por narcisismo entiendo la falta de un interés autentico por el mundo exterior y un intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista deriva de la necesidad de compensar una pobreza material y cultural. Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre y a sus equivalentes : la estirpe, la familia o la tribu ; a descargarse el insoportable peso de la responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de seguridad con dependencia, que paga el individuo con el cese de su propio desarrollo humano.
  • Creo que , escogiendo avanzar, el hombre puede encontrar una nueva unidad mediante el pleno desarrollo de todas sus energías humanas, que se muestran en tres orientaciones, juntas o separadas : la biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza y la independencia y libertad.
  • Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al “crecimiento” del hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento del objeto de unión.
  • Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera parcial.
  • Creo en la necesidad de “liberación” de los lazos, externos o internos, como condición para poder tener la “libertad” de crear, obrar, querer saber, etc., para poder llegar a ser un individuo libre, activo y responsable.<
  • Creo que libertad es la capacidad de obedecer la voz de la razón y del conocimiento, en contra de las voces de las pasiones irracionales. Es la emancipación que libera al hombre y lo pone en el camino de emplear sus facultades racionales y de comprender objetivamente el mundo y el papel que en éste representa.
  • Creo que la “lucha por la libertad” tiene, en general, el sentido excluido de lucha contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy “lucha por la libertad” debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la “autoridad” a la que nos hemos sometido “voluntariamente” : liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad.
  • Creo que la “libertad de elección” no siempre es igual para todos los hombres en todo momento. El hombre de orientación exclusivamente necrofílica, narcisista o simbiótico incestuosa, puede tomar sólo una opción regresiva. El hombre libre, liberado de lazos irracionales, no puede tomar ya una opción regresiva.
  • Creo que el problema de la libertad de elección existe sólo para el hombre de orientaciones contrapuestas, y que esta elección siempre está estrechamente condicionada por deseos inconscientes y por justificaciones tranquilizadoras.
  • Creo que nadie puede “salvar” a su prójimo decidiendo por él. Únicamente podrá ayudarlo señalándole alternativas posibles, con toda sinceridad y amor, sin sensiblería ni engaño alguno. La conciencia intelectiva de las alternativas liberadoras puede reavivar en un individuo sus energías ocultas y ponerlo en el camino en el que escoja la “vida”, en lugar de la “muerte”.
  • Creo que la igualdad se siente cuando, al descubrirse uno mismo por completo, se reconoce igual a otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva la humanidad en su interior. La “condición humana” es única e igual en todos los hombres, a pesar de las inevitables diferencias de inteligencia, talento, estatura, color, etc.
  • Creo que la igualdad entre los hombres se debe recordar especialmente para evitar que uno se convierta en instrumento de otro.
  • Creo que la fraternidad es el amor dirigido a nuestros semejantes. No obstante, se quedará en palabra hueca mientras no se hayan eliminado todos los lazos “incestuosos” que impiden juzgar objetivamente al “hermano”.
  • Creo que el individuo no puede entablar estrecha relación con su humanidad en tanto no se disponga a trascender su sociedad y a reconocer de qué modo ésta fomenta o estorba sus potenciales humanas. Si le resultan “naturales” las prohibiciones, las restricciones y la adulteración de los valores, es señal de que no tiene un conocimiento verdadero de la naturaleza humana.
  • Creo que la sociedad ha chocado siempre con la humanidad, aun teniendo una función a la vez estimulante e inhibitoria. La sociedad no dejará de paralizar al hombre y promover la dominación hasta que su fin se identifique con el de la humanidad.
  • Creo que podemos y debemos esperar una sociedad cuerda que fomente la capacidad del hombre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear, de desarrollar su razón y un sentido real de sí mismo basado en la experiencia de su energía positiva.
  • Creo que podemos y debemos esperar la recuperación colectiva de una salud mental caracterizada por la capacidad de amar y crear, por la liberación de los lazos incestuosos con el clan y la tierra, por un sentido de identidad basado en la experiencia que tienen de sí mismo el individuo como sujeto y agente de sus facultades y por la capacidad de influir en la realidad exterior e interior a uno mismo, logrando el desarrollo de la objetividad y de la razón.
  • Creo que, mientras parece que este mundo nuestro enloquece y se deshumaniza, cada vez más individuos sentirán la necesidad de asociarse y colaborar con quienes compartan sus preocupaciones.
  • Creo que estos hombres de buena voluntad, no sólo deben hacerse una interpretación humana del mundo, sino que también deben señalar el camino y trabajar por su posible transformación : la interpretación sin voluntad de reforma es inútil ; la reforma sin previa interpretación es ciega.
  • Creo posible la realización de un mundo en que el hombre “ser” mucho aunque “tenga” poco ; un mundo en que el móvil dominante de la existencia no sea el consumo ; un mundo en que el “hombre” sea el fin primero y último ; un mundo en que el hombre pueda encontrar la manera de dar un fin a su ida y la fortaleza de vivir libre y desengañado.
Yo también lo creo así!!! Mané

sábado, 3 de septiembre de 2011

El Orgullo


El orgullo impide que enfrentemos la verdad. El orgullo nos impide escuchar. Distorsiona nuestra visión.
 
Cuando creemos que todo está bien, no cambiamos nada. El orgullo endurece el corazón y oscurece la visión de nuestro entendimiento. Nos impide ese cambio de corazón, el arrepentimiento, que nos puede hacer libres.

El orgullo hace que nos consideremos víctimas. Nuestra actitud, entonces, se expresa así: "He sido maltratado y juzgado injustamente; por lo tanto, mi comportamiento está justificado". Creemos que somos inocentes y hemos sido acusados falsamente, y por consiguiente, no perdonamos. El hecho de que hayamos sido maltratados no nos da permiso para aferrarnos a la ofensa. ¡Dos actitudes equivocadas no son iguales a una correcta!
 
Muchas veces, cuando nos ofenden, nos vemos como víctimas y culpamos a los que nos han herido. Justificamos nuestra ira, nuestra falta de perdón, el enojo, la envidia y el resentimiento que surgen.
 
Cuando culpamos a los demás defendemos nuestra posición, estamos ciegos. Luchamos por quitar la paja del ojo de nuestro hermano mientras tenemos una viga en nuestro ojo.
 
Hombres y mujeres buscan hoy sólo lo que ellos desean. Muchos están heridos, lastimados, amargados. ¡Están ofendidos! Pero no comprenden que han caído en la trampa. Ese obstáculo los incapacita para funcionar en la plenitud de su potencial.
 
John Bevere 

Rayimat



La Prosperidad es un don de la Gracia Celestial.

Es tener toda necesidad cubierta

RAYIMAT es una palabra sánscrita que significa

aumentar todo el bien

Es, en otras palabras, aumento de prosperidad.

Esta palabra tiene poder, ya que al pronunciarla, la

 Ley Divina del Aumento comienza a activar la

 provisión y crecimiento de lo que pensamos y sentimos. 
Por ello, es de advertir que al pronunciarla, sólo se

 piense en lo bueno, es decir en lo que Dios ES.

Te darás cuenta que conseguirás despertar el

RAYIMAT que Dios sembró desde la creación en tu

alma y que las posibilidades de prosperar en TODO

aspecto son posibles gracias a las leyes espirituales

que rigen el Orden Divino Universal, manifestación

visible de un Dios real, Padre Bondadoso y Poderoso

que se exalta en ver nuestro bien y desarrollo

espiritual.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El erotismo



Desde mediados del siglo XIX, el feminismo lucha contra la sociedad patriarcal. Pero tardó mucho en reconocer y defender los derechos de las mujeres al placer y el deseo.

El feminismo emergió a mediados del siglo XIX en el

contexto de una vuelta de tuerca de las formas

patriarcales que se habían tornado más severas.

Un aspecto central fue la modificación de las costumbres,

una vez que la triunfante burguesía impuso, entre otras

cosas, una severa moral sexual a las mujeres.

Durante el Antiguo Régimen las mujeres de la aristocracia

habían gozado de franquías morales gracias a la oblicua

condescendencia de padres y maridos más preocupados por

ganar –y a veces no perder– los favores de otros varones,

dueños de mayor potestad a los que estaban obligados a

rendir pleitesía. Sin duda, fue especialmente famosa la

aristocracia francesa cuyas cortesanas representan un

segmento que se caracterizó por no eludir los contactos

sexuales, a menudo impulsados por los propios cónyuges.

Pero las transformaciones de fines del XVIII, el estallido de

la Revolución Francesa y la extinción de las prerrogativas

de la nobleza, significaron el ascenso definitivo de la

burguesía y el consiguiente reconocimiento de los derechos

individuales que hicieron posible la soberanía de los

varones, más allá de las tajantes diferencias sociales.


La nueva clase portaba un nuevo y estricto código de moral

sexual para las mujeres, apegado al principio de que la

sexualidad sólo podía ejercitarse con fines reproductivos, a

lo que se agregó la idea de que una mujer decente no

conocía deseo ni placer.
Es bien sabido que el ordenamiento de las esferas pública y

privada facilitó también la paralela imposición de que los

varones, de modo contrapuesto, estaban facultados para

ejercer conductas sexuales de acuerdo a su antojadizo

deseo. La doble moral masculina fue ampliamente

sancionada en las sociedades modernas y fue moneda

corriente que los varones mantuvieran un rígido orden

moral para las mujeres de la familia y desdijeran esa

misma moral cuando sometían sexualmente a otras,

comenzando por criadas y empleadas.
Es en este cuadro de doble rasero moral y de sometimiento

al deseo masculino que debe entenderse que las feministas

se apegaran a la idea de que la sexualidad era una

manifestación penosa, tal vez una anomalía, un atributo

del patriarcado que debía por lo menos inhibirse. Las

feministas estaban muy lejos de concebir como un derecho

el placer y por otra parte, el pensamiento dominante del

XIX sostenía la anestesia sexual femenina.
Las voces más autorizadas declaraban que las educadas, y

más refinadas, apenas conocían los disfrutes de la

sexualidad, reservados en todo caso a mujerzuelas

iletradas que estaban mucho más cerca de la animalidad.

Las prepotentes conductas masculinas, el forzamiento de

los actos sexuales que sufrían tantísimas mujeres, el acoso

acostumbrado que no escatimaba ambientes -aunque era

mucho más extendido en fábricas y talleres-, condujo a la

enorme mayoría de feministas a repudiar la propia

sexualidad.
Hubo, entre las más radicales, quienes propusieron cerrar

las piernas en los lechos maritales para impedir de este

modo el abuso de los cónyuges. En Inglaterra, las leyes que

penalizaron la sexualidad, entre las que se encuentra la

que condenaba la homosexualidad, fueron también

solicitadas por feministas. A la mayoría de sus adherentes

les parecía que era justo sancionar a los viciosos y a

quienes amenazaban la integridad de las congéneres.

Durante la mayor parte del recorrido realizado por la

agencia feminista en todos los países, cuyas acciones se

proyectaron con fuerza al siglo XX, la sexualidad no pudo

ingresar a la agenda de preocupaciones y reivindicaciones,

y mucho menos el erotismo.
Las feministas, en su enorme mayoría, eludían los

lenguajes vinculados con el cuerpo, con excepción, claro

está, de la celebración excluyente de la maternidad. Se

trataba de una maternidad que parecía incontaminada,

como si la concepción hubiera prescindido del contacto

carnal.
La tónica asexuada del feminismo y la conjura del erotismo

resultaron canónicos hasta el surgimiento de la “segunda

ola” en los años 1960. Hubo entonces un parte aguas, la

agenda sufrió una notable transformación. Se extinguieron

las obturaciones al deseo sexual, deviniendo la propia

sexualidad y sus orientaciones disidentes de la “normalidad

heterosexual”, un mandato de enorme significado entre las

nuevas adherentes. Desde luego, hubo retos desde diversas

vertientes, pero en todo caso debe considerarse el papel

jugado por la crítica feminista que se abrió paso con

estridentes llamados de atención sobre la negligencia

(cuando no la complicidad feminista) con las fórmulas

conculcadoras del derecho al cuerpo.
Las feministas lesbianas, especialmente, reclamaron

reconocimiento propio y contribuyeron decididamente a

alterar los restrictos códigos morales sexuales que fueron

vistos como una auténtica colonización patriarcal.

La dimensión del disfrute sexual y las autorizaciones

eróticas son, por lo tanto, una conquista muy reciente de

los vertederos feministas. Apenas ha cumplido poco más de

medio siglo.

Dora Barrancos. Investigadora principal del CONICET y profesora consulta de la UBA.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Compasión


¿Qué significa ser compasivo? ¿Es ser capaz de sentir lástima, empatía o  simpatía? ¿De qué forma la compasión puede ser una parte saludable de los vínculos que establecemos con los demás? ¿Tiene la compasión que llevarnos siempre a perdonar todo y a todos? ¿La compasión puede tener utilidad terapéutica para quien la ejerce?; ¿La autocompasión es la hermana boba de la autoestima?; ¿La compasión es expresión de nobleza o de idiotez? Finalmente, ¿la compasión bien entendida empieza por casa?
Las respuestas a estas preguntas muchas veces profundizan las dudas. Basta con volver a considerarla, desde otra óptica, para evitar los grandes sufrimientos acarreados, con frecuencia, por la confusión.
Siglos de mandato moral, tradición académica y creencias ancestrales instalaron en nuestro ideario nociones más o menos rígidas del valor de la compasión. Casi sin excepciones, asociadas al altruismo, la misericordia y la clemencia. Ecuación filantrópica de benevolencia y piedad: así la encontraremos en el imaginario colectivo y en las definiciones enciclopédicas, junto con la constancia de su raíz latina (com = con; pati = sufrimiento). 
Es tema muy reciente de investigación para la Psicología Científica de Occidente. Con la compasión como eje surgieron novedosas terapias psicológicas, que abrevan en distintas áreas de conocimiento: desde las tradiciones sagradas de la Humanidad hasta las neurociencias. Componen un cuerpo teórico cada vez más amplio que integra y complementa los diferentes modelos de psicoterapia ya existentes.
Las neurociencias han demostrado que el estado de compasión puede influir sobre los sistemas neurofisiológicos e inmunes. En quien experimenta compasión se aquieta la actividad del lóbulo prefrontal derecho -conectado con estados de ánimo más negativos- y se activan zonas del cerebro prefrontal izquierdo –y sus redes neurales vinculadas con la empatía, el amor maternal y una mayor conexión entre pensamientos y sentimientos.
Cuando una persona avanza en un proceso de transformación emocional, surge  la necesidad de trabajar sobre la culpa, el perdón inteligente y la búsqueda de la mejor dirección para los sentimientos de compasión que experimenta. Con esta necesidad suelen interferir las creencias y malentendidos que nos impregnan sin que tomemos real conciencia de ciertas realidades.
Para derribar el primer mito: sentir compasión no significa sentir lástima hacia los demás. Hagamos el ejercicio de imaginarnos a nosotros mismos, tan solo por un instante, en medio del sufrimiento. Desde esa posición, observemos con atención el efecto que nos produce que el otro nos mire con pena, lo mal que nos hace sentir. Es fácil comprender, desde esta perspectiva, lo poco edificante que es el sentimiento de lástima, dirigido hacia los demás o hacia nosotros mismos. El sufrimiento es parte de la vida y a todos nos toca una porción. Frente a esta certeza nos queda poco lugar para la lástima.
Inducidos por mensajes culturales, asociamos la compasión a una condición de bondad tan pura que nada debería contaminarla: quienes se consideran a sí mismos seres compasivos se paralizan al constatar que, al mismo tiempo, son capaces de enojarse o incapaces de perdonar. Ven “manchado” ese “noble” sentimiento y cuestionado el absoluto de su ideal.
Pero ese absoluto está lejos de ser deseable.

Chogyam Trungpa, maestro budista de Meditación, forjó el concepto de “compasión idiota”: el equívoco que nos lleva a perdonar una mala actitud del otro, movidos por la compasión, propiciando su reincidencia. Podemos sentir que alguien se está equivocando cuando decide hacer el mal, y por ello sentir por tristeza por él, incluso compasión por el sufrimiento que esa persona produce en sí misma y en los demás. Pero permitir que los demás hagan cualquier cosa porque nosotros no tenemos coraje para ponerles límites no significa, ciertamente, ser compasivos. Si una persona es violenta, lo compasivo no es tolerar la agresión, que por lo demás se alimenta a sí misma. Si logramos poner un límite a la situación enfrentaremos reacciones de enojo y obstáculos para sostener nuestra decisión, pero es lo más compasivo que podemos hacer por los demás, por difícil que resulte. No nos agradecerán, dice Trungpa, y no quedarán contentos, pero estaremos dando una oportunidad a que ellos tomen conciencia o a que trabajen sobre su parte en el problema. Tal vez comiencen a hacer lo que necesitan. Podemos sentir amor hacia otro, tal vez simpatía o empatía, podemos desearles felicidad a los demás. Pero la compasión es desear a otra persona que se libere del sufrimiento.

Claro que la compasión no está completa si no comprendemos que es necesario practicarla, también, con nosotros. Muchas buenas personas se maltratan a sí mismas para evitar dañar a otros: otros que, muchas veces, terminan dañándolos a ellos. Qué difícil es dar cuenta del maltrato cuando las señales no son evidentes, cuando no deja la marca tangible, como sería, por ejemplo, la de un golpe en el propio cuerpo. Tantos siglos de violencia instituida la han naturalizado: desestimamos nuestra percepción del maltrato y de su prolongación, el auto maltrato.
Claro que la compasión no está completa si no comprendemos que es necesario practicarla, también, con nosotros. Muchas buenas personas se maltratan a sí mismas para evitar dañar a otros: otros que, muchas veces, terminan dañándolos a ellos. Qué difícil es dar cuenta del maltrato cuando las señales no son evidentes, cuando no deja la marca tangible, como sería, por ejemplo, la de un golpe en el propio cuerpo. Tantos siglos de violencia instituida la han naturalizado: desestimamos nuestra percepción del maltrato y de su prolongación, el auto maltrato.
Una práctica que puede ayudarnos a desarrollar la compasión es la de la Plena Atención oMindfulness. La habilidad de prestar “plena atención” no es nueva, es parte de lo que nos hace humanos: la capacidad de estar presentes y ser concientes de todo lo que está ocurriendo en el momento, y también de aceptarlo. Desafortunadamente, esta habilidad se pone en juego por períodos breves, tras los cuales nos reabsorben nuestras emociones y nuestros padecimientos cotidianos.
Los beneficios psicológicos de la práctica de Mindfulness cada vez son más resaltados por la investigación científica. La gente que lucha con emociones intensas como la vergüenza, la ansiedad, la ira o el dolor, puede complementar esta práctica de la atención con una herramienta tan simple como poderosa: la auto-compasión.
Tuve la oportunidad de asistir a un entrenamiento sobre este tópico en Esalen, California. El seminario fue dirigido por dos personas extraordinarias, especialistas en el trabajo que combina la práctica de Mindfulness y la compasión hacia uno mismo. Kristin Neff, PhD, profesora de la Universidad de Texas, es precursora en la investigación de la compasión conciente hacia uno mismo. Christopher Germer, PhD, líder en el campo de la aplicación de Mindfulness en la psicoterapia, es uno de los fundadores del Instituto Mindfulness y Psicoterapia e instructor en Psicología Clínica de la Universidad de Harvard.
Durante algunos días trabajamos con técnicas de Mindfulness: prestar atención al momento presente, espacio en el que luchamos con sentimientos difíciles de inadecuación, desesperación, confusión y otras formas que elevan nuestro nivel de estrés. Simultáneamente nos entrenamos enfrentar nuestras dificultades con bondad y comprensión (autocompasión conciente). Investigamos distintas maneras de tratarnos bien a nosotros mismos, formas antes no exploradas en profundidad. Comprobamos que cualquier persona puede adquirir conciencia de la autocompasión y ser capaz de cambiar de modo potente el vínculo que tiene consigo misma.
Kristin Neff establece, además, las diferencias entre el concepto de compasión conciente hacia uno mismo y el zarandeado concepto de “autoestima”. La autoestima tiende a aumentar cuando las cosas van bien, o cuando se experimenta éxito personal. La compasión conciente se siente aun cuando las cosas van mal.
La autoestima implica la evaluación de uno mismo de manera positiva y, a menudo, la necesidad de ser especial y ubicarse por encima de un supuesto promedio. La auto-compasión no está basada en comparaciones, sino todo lo contrario: se apoya en nuestras similitudes profundas con los otros por el mero hecho de compartir la condición humana.
La auto-compasión es una manera amable de relacionarnos con nosotros mismos, incluso en los casos de fracaso, incapacidad percibida, imperfección. El esfuerzo para incrementar la autoestima puede ser contraproducente. Las investigaciones demuestran que la auto-compasión proporciona una mayor resistencia y mayor estabilidad emocional que la autoestima.
En 2009, visitó nuestro país el psicoterapeuta, profesor e investigador inglés Paul Gilbert, fundador de una Terapia Centrada en la Compasión. Su trabajo se apoya, en otras disciplinas,  en conocimientos provenientes del campo de la Psicología del Desarrollo y de Psicología Social. Gilbert descubrió nuevas tácticas para ayudar a los pacientes a entender que no son culpables de su patología ni de sus síntomas, sino que estos provienen de la condición humana.
Una vez que la persona comprende que sus síntomas y dificultades no son otra cosa que estrategias de adaptación, puede dejar de criticarse y de culparse todo el tiempo por sus ideas y sentimientos, estar más libre para ponderar su situación real y manejarla.
Como en todo desarrollo científico, los resultados y el proceso de investigación son claves para el futuro de la terapia centrada en la compasión. Aunque en Occidente las investigaciones son incipientes, y los datos y conclusiones son limitados, la aplicación terapéutica de la compasión está ganando velozmente un lugar importante. Quienes trabajamos con este enfoque ya podemos referir los beneficios, que se observan con facilidad en la práctica cotidiana.
Los descubrimientos más recientes indican que el tránsito de la crueldad a la compasión es posible. Requiere técnicas de entrenamiento de la atención, el pensamiento, los sentimientos, la imaginación y el comportamiento desde una perspectiva compasiva. Esta “gimnasia” desarrolla redes neurológicas vinculadas a la autorregulación de estados de tranquilidad, calma, seguridad, calidez, tan indispensables para lograr una vida equilibrada.
Estos hallazgos no sólo pueden aportar al trabajo terapéutico con individuos en particular.
También pueden ser de gran ayuda en los enfoques que las organizaciones tienen como recurso para responder a las consecuencias del maltrato y el auto maltrato. En suma, pueden contribuir de un modo general a la calidad de los vínculos entre los miembros de una sociedad como la nuestra.
fuente vivos y despiertos

Ohhhhhhhhhh Quién te hace sufrir...


un ensayo de Viktor Frankl, neurólogo, siquiatra, fundador de la disciplina que conocemos hoy como logoterapia.
¿Quién te hace sufrir? ¿Quién te rompe el corazón? ¿Quién te lastima? ¿Quién te roba la felicidad o te quita la tranquilidad? ¿Quién controla tu vida?...
¿Tus padres? ¿Tu pareja? ¿Un antiguo amor? ¿Tu suegra? ¿Tu jefe?...
Podrías armar toda una lista de sospechosos o culpables.
Probablemente sea lo más fácil. De hecho sólo es cuestión de pensar un poco e ir nombrando a todas aquellas personas que no te han dado lo que te mereces, te han tratado mal o simplemente se han ido de tu vida, dejándote un profundo dolor que hasta el día de hoy no entiendes.
Pero ¿sabes? No necesitas buscar nombres. La respuesta es más sencilla de lo que parece, y es que nadie te hace sufrir, te rompe el corazón, te daña o te quita la paz.
Nadie tiene la capacidad al menos que tú le permitas, le abras la puerta y le entregues el control de tu vida. 
Llegar a pensar con ese nivel de conciencia puede ser un gran reto, pero no es tan complicado como parece. Se vuelve mucho más sencillo cuando comprendemos que lo que está en juego es nuestra propia felicidad. Y definitivamente el peor lugar para colocarla es en la mente del otro, en sus pensamientos, comentarios o decisiones.
Cada día estoy más convencido de que el hombre sufre no por lo que le pasa, sino por lo que interpreta.
Muchas veces sufrimos por tratar de darle respuesta a preguntas que taladran nuestra mente como:
 ¿Por qué no me llamó? ¿No piensa buscarme? ¿Por qué no me dijo lo que yo quería escuchar? ¿Por qué hizo lo que más me molesta? ¿Por qué se me quedó viendo feo? y muchas otras que por razones de espacio voy a omitir.
No se sufre por la acción de la otra persona, sino por lo que sentimos, pensamos e interpretamos de lo que hizo, por consecuencia directa de haberle dado el control a alguien ajeno a nosotros. 
Si lo quisieras ver de forma más gráfica, es como si nos estuviéramos haciendo vudú voluntariamente, clavándonos las agujas cada vez que un tercero hace o deja de hacer algo que nos incomoda.
Lo más curioso e injusto del asunto es que la gran mayoría de las personas que nos "lastimaron", siguen sus vidas como si nada hubiera pasado; algunas inclusive ni se llegan a enterar de todo el teatro que estás viviendo en tu mente.
Un claro ejemplo de la enorme dependencia que podemos llegar a tener con otra persona es cuando hace algunos años alguien me dijo:
"Necesito que Pedro me diga que me quiere aunque yo sepa que es mentira. Sólo quiero escucharlo de su boca y que me visite de vez en cuando aunque yo sé que tiene otra familia; te lo prometo que ya con eso puedo ser feliz y me conformo pero si no lo hace... siento que me muero".
¡Wow! Yo me quedé de a cuatro ¿Realmente esa será la auténtica felicidad? ¿No será un martirio constante que alguien se la pase decidiendo nuestro estado de ánimo y bienestar? 
Querer obligar a otra persona a sentir lo que no siente... ¿no será un calvario voluntario para nosotros?
No podemos pasarnos la vida cediendo el poder a alguien más, porque terminamos dependiendo de elecciones de otros, convertidos en marionetas de sus pensamientos y acciones.
Las frases que normalmente se dicen los enamorados como: "Mi amor, me haces tan feliz", "Sin ti me muero", "No puedo pasar la vida sin ti", son completamente irreales y falsas.
No porque esté en contra del amor, al contrario, me considero una persona bastante apasionada y romántica, sino porque realmente ninguna otra persona (hasta donde yo tengo entendido) tiene la capacidad de entrar en tu mente, modificar tus procesos bioquímicos y hacerte feliz o hacer que tu corazón deje de latir.
Definitivamente nadie puede decidir por nosotros.
Nadie puede obligarnos a sentir o a hacer algo que no queremos, tenemos que vivir en libertad. 
No podemos estar donde no nos necesiten ni donde no quieran nuestra compañía. No podemos entregar el control de nuestra existencia, para que otros escriban nuestra historia. Tal vez tampoco podamos controlar lo que pasa, pero sí decidir cómo reaccionar e interpretar aquello que nos sucede.
La siguiente vez que pienses que alguien te lastima, te hace sufrir o controla tu vida, recuerda:
 No es él, no es ella...
ERES TÚ quien lo permite y está en tus manos volver a recuperar el control.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: 
La última de las libertades humanas- la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino".